lunes 9 de noviembre de 2009

LA GUACHARACA


El sábado 7 de Noviembre fue el cumpleaños de uno de mis 4 hermanos, el único que vive en Venezuela. Lo llamé por teléfono, le canté cumpleaños feliz y supe que allá en mi patria abandonada todos estaban bien, inclusive mi anciana madre. A seguir, asustada con lo que mi hija benjamín había escrito en su blog (pero no lo había escrito sino simplemente lo había transcrito, pues era la letra de una música de Seu Jorge y Ana Carolina sobre los personajes famosos de la humanidad que acabaron con su propia vida) también llamé por teléfono a mi hijita benjamín y le prometí que iría a São Paulo a acompañarla hasta el viernes que es cuando se le acaba el plazo para entregarle a su tutora (si ella lo acepta) su proyecto de post-graduación. No parece algo suficientemente grave como para ser motivo de suicidio, pero mi hijita además de estudiar también trabaja y no tiene tiempo ni de alimentarse bien. Para completar, su jefa se fue una semana a Constantinopla a un congreso de autoridades municipales y la dejó en su cargo y tanta responsabilidad dejó a mi hijita arrasada, exhausta, postrada de cansancio. Entonces le prometí que al día siguiente, al terminar el almuerzo al que había sido invitada y ya yo había aceptado ir, agarraría el primer autobús a São Paulo para ir a ayudarla. Colgué el teléfono y subí 500 escalones hasta mi capillita de Nuestra Señora Milagrosa de los Vientos rezando por mi hijita benjamín, lástima que apenas en los momentos en que me lo permitía Shrek, quien me acompañó, pero, siempre hablando, hablando. Él solamente consigue quedarse en silencio cuando está furioso o viendo una partida de fútbol. A veces pienso que más que un ogro, él es una guacharaca.

sábado 7 de noviembre de 2009

LA OBEDIENCIA


Ayer estuve toda la mañana sentada frente a la máquina de coser haciendo más o menos lo mismo que hizo Dios, pero no transformando el barro en ser humano, sino una sábana en cortina. Yo quería hacer un trabajo perfecto pero me salió choreto. Por eso no pude sentirme como quería: divina. Tal vez si Shrek no hubiese estado todo el tiempo llamándome para que lo ayudara a dejar la puerta trasera de la casa como nueva, lo habría conseguido. Él está todo el tiempo pidiéndome algo: un cafecito, un lanchino, que le mida la tensión arterial, que le busque la escoba, que le traiga la masa para vidrios, que si esto, que si aquello, que si lo otro. Y yo, para evitar que se ponga furioso, obedezco; aunque sé que justamente lo que él quiere es ponerse furioso porque es así como se siente bien, es ese el estado natural de los ogros. En la tarde caminando con mi vecina y mejor amiga fuimos interceptadas por otra vecina que nos mantuvo una hora escuchándola. Ella nos contó muy amenamente la triste historia de su vida: había sufrido 24 cirugías, a su marido lo habían raptado 3 veces , etc. Le encantó mi mejor amiga porque ésta sabe los nombres de todas las enfermedades y también porque le creyó todo lo que contó, como por ejemplo: que era psiquiatra. Le recordé lo que sucedió hace algunos días en Estados Unidos: que un médico psiquiatra había matado un montón de soldados. Entonces no volvió a repetir que era psiquiatra sino profesora. ¡Uyuyui! No podemos volver a pasar por esa calle.

viernes 6 de noviembre de 2009

EL CONSULTORIO


Aceras de la urbanización Granja Guaraní en Teresópolis, RJ, BRASIL, nov., 2009

Todo lo que me sucedió ayer fue maravilloso, incluso lo peor, que fue demostrarle a Shrek que sí soy su compañera, acompañándolo a la consulta con su cardiólogo el Dr. Rafael Cinnelli a quien fue a mostrarle el resultado de los exámenes que recogimos anteayer en el Hospital San José. Shrek podía muy bien ir solito, así como yo también podía muy bien ir solita a todas las fiestas que me invitan. Pero como casi todas esas fiestas son en Río (a 89 kilómetros de aquí) y de noche, le pido a Shrek que me acompañe y él siempre se niega, pero al final lo hace cuando le recuerdo cómo yo sí he sido su compañera para ir con él a donde él puede ir solito pero le da miedo. Llegamos allá poco antes del mediodía sin haber sudado a pesar de la larga caminata en subida que hicimos (para ahorrarnos pagar otro autobús) pues el día estaba iluminado por un sol fuerte, pero la travesía de la Granja Guaraní, un lugar incluso más bello que la Granja Comarí (por donde camino todos los días con mi vecina y mejor amiga), está frondosamente arborizado. Y lo mejor, subimos y bajamos charlando amigablemente sin pelear, ni siquiera discutir. El doctor le dijo que lo único malo que tenía era el colesterol y lo mandó caminar media hora y tomarse 3 captopril 25 mg y un sinvastatina 20 mg diariamente.Todo, exámenes, consulta y remedios, gratuíto y no tenemos seguro médico y este no es un país socialista... También fue muy cómico haber almorzado con una “arepa venezolana” de pollo hecha por mi vecina y mejor amiga según una receta del programa de Ana María Braga, receta complicadísima y en nada, -excepto la consistencia-, parecida con la arepa venezolana que conozco desde que nací. Ayer me filmé cantando y tocando en el piano Vaca Profana de Caetano Veloso para publicarlo en YouTube y divulgarlo en Facebook como me recomendó Obelix, mi primer ex –marido, lo cual sería la primera medida para llegar a la fama, aprovechando que no soy tan fea como Susan Boyle.

jueves 5 de noviembre de 2009

EL ZAPATERO


Ayer salimos Shrek y yo al hospital San José a recoger los resultados de unos exámenes que le mandó el Dr. Rafael Cinnelli su cardiólogo. Salimos en el autobús de las 9 y media de la mañana, él con su mochila y yo con mi cartera plateada decorada con la palabra Madrid en letras de todos los colores y con una blusa de la marca “Vértigo” hecha en la CEE (Comunidad Económica Europea) ya que al salir del hospital yo tenía que entrevistarme con una tal Dra. Daniela, responsable por los eventos de la semana de la Conciencia Negra que realiza la Secretaría Municipal de Educación (era para pedirle que encajara una conferencia dictada por mi 4º marido). Pero antes pasamos por el zapatero. Y Shrek colocó encima del mostrador, -impecablemente blanco-, una bolsa que yo había puesto dentro de su mochila. La chica que nos atendió abrió cuidadosamente la bolsa y sacó de allí un par de zapatos finísimos que me regaló mi hijita benjamín a quien por su vez se los había regalado su tía abuela Dirce. Eran los zapatos con los que había ido a la fiesta en Río das Pedras el domingo. Y estaban total y absolutamente sucios, llenos de barro que, al secarse, se había pegado no solamente de la suela sino de todo el zapato, los cordones inclusive, un horror, y la suela se le había despegado por la frente, dejando un hueco que también estaba lleno de barro seco. La chica me preguntó que quería que hiciese con “aquello”. Le dije que dejarlos como nuevos. Cuando ella dio media vuelta Shrek aprovechó para empezar a echarme un bollo, un bollo de padre y señor mío, por atreverme a entregar los zapatos en aquel estado de inmundicia que lo había dejado avergonzado y patatín y patatán… llegamos a la Secretaría de Educación y él continuó su bollo con su vozarrón, mientras esperábamos para ser atendidos en la antesala de la Dra. Daniela. Hasta que vino su secretaria y prácticamente nos expulsó de allí diciendo que volviésemos a las 4 de la tarde. Pero claro, no volvimos.

miércoles 4 de noviembre de 2009

EL SOPLO


¡Dios mío! ¿Qué me pasó? ¡Qué vergüenza! No era hambre porque yo había desayunado muy bien. Tal vez fuese depresión. Cuando llegué, el secretario de la Directora del SESC me preguntó mi nombre. Se lo dije e inmediatamente fue a anunciarme. Al rato regresó diciendo que ella estaba en una reunión pero que si quería podía esperar. Claro, no soy rica, ni famosa, ni importante. ¿Por qué cuando me preguntó mi nombre no dije que era “Isabel de Hingla” (que suena a Isabel II de Inglaterra)? Total, para hablar con ella no me pedirían mi identidad. Esperé en pie unos diez minutos al cabo de los cuales el secretario me pidió que me sentase. Esperé sentada unos 20 minutos. Mientras tanto recé, casi todas mis oraciones. Pensé, estúpidamente, que sería la misma directora de hace 23 años, gordita, simpática. Pero era una chica de esa edad más o menos. Me preguntó que en qué podía ayudarme. Y dije: “hace 23 años”, y no pude seguir, se hizo un nudo en mi garganta, los ojos se me llenaron de lágrimas, y la chica allí, viéndome, esperando pacientemente que yo me recuperase, y al cabo de un minuto que pareció una eternidad, continué, le conté lo que había sucedido, un frío día de invierno, por eso yo había preparado un termo de 5 litros de chocolate caliente que le brindaba a los que iban llegando a participar de la conferencia sobre agricultura biodinámica que había dictado en ese mismo lugar mi 4º marido, padre de mis 2 hijos menores, los únicos brasileños de los 6 que tengo (y todo eso como introducción para anunciarle que él estaba dispuesto a dar otra conferencia a principios de Diciembre). ¿Pero ya pasó todo ese tiempo? ¿Qué hice con mi vida?

martes 3 de noviembre de 2009

EL DISIMULO


Ayer lunes, 2 de Noviembre, día de homenajear a los finados, yo no los homenajeé porque los homenajeo casi todos los días a lo largo del año. El sábado por ejemplo cuando fui a misa de 6 de la tarde con Shrek, pedí que la misa fuese rezada por el descanso eterno de la suegra de mi hermana, una señora sevillana, excelente cocinera, muy amiga de mi mamá, y que, cuando la conocí ya con casi noventa años (ella, no yo) me pareció encantadora por su alegría contagiosa. Tampoco me acosté a ver la película del canal 4 especial para el día de finados que Shrek vio: Ciudad de los Ángeles (City of Angels) a pesar de que adoro todas las películas donde trabaja Nicolas Cage. Lo mejor que me sucedió ayer fue haber terminado de leer “Somebody’s Baby” una novelita donde los protagonistas principales son buenos, altos y elegantes y los malos son bajitos, gordos y feos. En la tarde fui a caminar con mi vecina y mejor amiga y estuvimos en la feria del Alto pero no encontramos lo que buscábamos para comprar. Ella me contó que había visto la película de no sé qué canal (pero no el 4) especial para el día de finados: “Mi vida sin mí” que le recordaba al padre de mis hijos brasileños, mi cuarto marido que vive en São Paulo y vendrá a Río dentro de un mes a un simposio sobre neurociencia. Cuando ella me ofende yo disimulo que no lo estoy y después me pongo a pensar qué será lo que le ocurrió que andaba tan amargada pagando el pato conmigo. Quien ofende a uno de los míos o ex–míos, me ofende a mí.

lunes 2 de noviembre de 2009

LA FIESTA ELECTRÓNICA




Ayer domingo Shrek y yo salimos de casa a las 11 y media de la mañana y llegamos de vuelta a las 11 y media de la noche. Cenamos, nos acostamos y cuando le pregunté que qué era lo mejor que le había sucedido en el día, pensando yo que él diría: “almorzar en la Feria de San Cristóbal” (cuyo nombre oficial es “Centro de tradiciones nordestinas Luiz Gonzaga”, y siempre me pareció ser la atracción turística más interesante de la ciudad de Río de Janeiro, funciona corrido desde los viernes a las 10 de la mañana hasta los domingos a las 10 de la noche), Shrek dijo que su momento sublime había sido bajar el segundo pie del autobús que nos trajo de la ciudad de Río y ponerlo al lado del primer pie que ya estaba en tierra de Soberbo (que quiere decir “soberbio” como se llama el barrio donde vivimos, un barrio de mucha humedad y vientos huracanados, pero de vez en cuando, como cuando llegó aquí por primera vez la emperatriz Teresa Cristina, esposa del emperador Pedro II de Portugal y Brasil, y dijo admirada, “!Qué vista soberbia!”, como anoche, soplaba apenas una deliciosa brisa y las luces de la ciudad de Rio competían con las de las estrellas y solamente se escuchaba el concierto de los grillos, y pisábamos sobre grama y no sobre charcos de barro como en la fiesta (bañada a música electrónica a todo volumen) de los 4 años de Pedro Arthur, el primo de mi nieto-araña, celebrado en el barrio obrero “Río das Pedras” a donde Shrek me acompañó absolutamente contra su voluntad porque eso es parte del precio que tiene que pagar para vivir en mi paraíso.